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El avispero iraquí
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Hoy se cumplen cinco años del comienzo de la guerra de Irak. Un lustro después, tras el ahorcamiento de Sadam Husein y la muerte de más de un millón de personas, el país árabe se ha convertido en el mayor avispero terrorista del planeta. El dolor, los coches bomba, los tiroteos y la pobreza han sumergido a los iraquíes en la desesperanza de un cruento baño de sangre que parece no tener fin. El debate ahora es cómo y cuándo retirar las tropas. Los expertos desaconsejan una marcha precipitada, que el extremismo islamista interpretaría como una señal de debilidad que prendería en el inestable Oriente Próximo. Washington habrá de negociar su retirada con Irán y Siria, vecinos del convulso Irak, en un escenario de violencia incesante al que el próximo inquilino de la Casa Blanca deberá imponer un calendario de salida.
El quinto aniversario de esta incursión bélica estúpida, ilegal e ilegítima ha suscitado una avalancha de reflexiones cuyo único punto en común es considerar el 11-S como desencadenante de un explosivo siglo XXI. El atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York asestó un golpe brutal en el corazón mismo del mundo libre, ese que se supone respetuoso con los derechos humanos y las libertades individuales. Pero la magnitud de la agresión provocó la reacción contundente y desairada de un gigante herido que encontró en Al Qaeda, difusa y difícil de batir, el enemigo ideal con el que justificar lo injustificable. El choque de civilizaciones vaticinado por el politólogo Samuel Phillips Huntington estaba servido y las hostilidades quedaron simplificadas en el enfrentamiento entre Occidente y unos fanáticos capaces de canalizar el descontento de las clases más desfavorecidas de la realidad islámica. Todo lo que ha venido a posteriori es de sobra conocido y en el caso iraquí, especialmente, la ocupación basada en mentiras se ha revelado un desastre, por mucho que José María Aznar se empecine en mantener lo contrario.
En Irak ni hay democracia ni se la espera. La entrada de España fue un inmenso error, al igual que la forma en que salimos, deteriorando nuestras relaciones con la potencia americana, aliada vital para los intereses occidentales le pese a quien le pese. Ya no es tiempo de reproches ni de recordar que la guerra se construyó en contra del parlamento y de la convicción popular. Ahora toca pensar en el pueblo iraquí, agonizante en una ratonera en la que algunos supieron entrar pero de la que nadie sabe salir.
3 comments 20 Marzo 2008
