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Muerte en la arena
José Tomás asume riesgos ilimitados cuando se pone delante de un toro y coquetea con la muerte en cada corrida. Nada de lo que extrañarse, porque al torero, como al soldado, el valor se le presupone. Es por eso que no entiendo el debate nacional que se ha suscitado en torno a la figura del de Galapagar. Menos entendible resulta aún la postura de la inmensa mayoría de la intelectualidad, cuya razón anda secuestrada por los efluvios cuasi místicos del tomasismo.
Plumas de la talla de Antonio Burgos, Alfonso Ussía, Federico Jiménez Losantos, Raúl del Pozo, Luis María Anson y Fernando Sánchez Dragó se han erigido en exégetas de esta nueva religión de sangre y arena, escribiendo artículos hagiográficos y pasionalmente desbocados sobre el diestro de moda. Estos apologetas, amigos del lirismo que se esconde en la épica, obvian las esencias de la tauromaquia para centrarse en el canto pedorro de las cualidades innatas del tipo más raro y huraño que han visto los ruedos desde que el mundo es mundo. Tomás cuenta con una nutrida legión de feligreses exaltados que, en pleno seísmo de entusiasmo, satanizan a quienes como yo somos antitaurinos. No comprenden, por mucho que se lo argumentes, que conceptos como honor y gloria resultan incomprensibles para un cuadrúpedo y ven arte donde yo sólo veo a un animal deshidratado, torturado y sanguinolento.
Pero el gran atractivo de José Tomás, ese que motiva a miles de personas a pagar auténticas barbaridades por verlo torear, no es su dominio del arte de Cúchares, sino dónde y, sobre todo, cuándo y cómo llegará su final, si en forma de retiro o de cogida fatal. Existe un deseo oculto de que muera en la plaza como su admirado Manolete. Sólo así, inmolándose, conseguirá entrar en la leyenda de forma definitiva. Las graves cornadas recibidas en sus recientes faenas triunfales en Las Ventas son tan sólo el prólogo de lo que está por venir, porque a los entendidos y a la élite intelectual ya sólo les vale su muerte y hacia ella le empujan con su panegírica verborrea.
4 comments 2 Julio 2008








