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Terror en Afganistán
Los talibanes, pocos días después del atentado que se cobró la vida de 40 personas en Kabul, han amenazado con redoblar sus ataques suicidas mientras no se les permita regresar al poder. Afganistán, escenario habitual del terror islamista, se asemeja cada vez más a un conflicto enquistado de difícil solución y es evidente que Hamid Karzai, el dirigente al que sostienen las fuerzas internacionales, no controla un país que está en manos de los mafiosos locales que viven del narcotráfico. En estas condiciones es obligado preguntarse qué demonios hacen allí nuestras tropas y qué sentido tiene permanecer en una guerra incomprensible e insensata de la que ya salieron por patas los soviéticos en 1989, tras diez años de intervención militar.
Si Afganistán es hoy un nido de terroristas se debe a la financiación millonaria que en su día realizaron Estados Unidos y Arabia Saudí a los talibanes contra el comunismo. El idilio acabó el 11 de septiembre de 2001, cuando Bush y compañía, despertados de súbito a la realidad de otro sistema totalitario que ellos mismos habían contribuido a instaurar, sufrieron un mordisco devastador en sus propias carnes de las alimañas a las que habían amamantado hasta hace poco. El conflicto bélico de Afganistán duró dos meses, pero la cruenta y convulsa posguerra demuestra que la supuesta victoria estadounidense resultó tan engañosa como la que había creído obtener la Unión Soviética años atrás.
Es hora de fijar un calendario de salida ordenada y segura para los más de 40.000 hombres de la OTAN que se encuentran desplegados en el país islámico y de que los aliados se replanteen la estrategia de una operación en la que participan con escaso entusiasmo y pocas ganas de aumentar sus contingentes. Basta ya de programas de ayuda a la reconstrucción cuyo dinero se consume en pagar asesores extranjeros, en sostener el funcionamiento de centenares de ONG de escasa utilidad y en alimentar una corrupción generalizada. La población afgana no vive hoy mejor que hace siete años y son millones de personas las que malviven como limpiabotas, vendedores ambulantes, porteadores en los bazares, limpiacoches y mendigos. La ocupación indefinida no es el camino y la comunidad internacional debe reflexionar sobre cómo salir de Afganistán sin perder la cara y garantizando la estabilidad frente a un indeseable vacío de poder que arrastraría al país hacia una catastrófica guerra civil.
3 comments 9 Julio 2008








